El aparato digestivo de las aves tiene una serie de
peculiaridades que son de vital importancia para conocer
sus hábitos alimenticios, siendo todas omnívoras
en mayor o menor grado, ya que las granívoras
no desperdician la posibilidad de comerse algún
insecto, aunque se clasifican clásicamente en
carnívoras (con pico potente y desgarrador),
granívoras (con pico potente y grueso) e insectívoras
(con pico fino y débil).
Poseen pico, además de para defenderse, para
poder aprehender los alimentos, aunque las psitácidas
mayores lo utilizan, sólo para partir o pelar
las semillas, ya que aprehenden la comida con la parte
superior del pico y la lengua, y además se ayudan
con los pies.
Tienen el sentido del gusto muy poco evolucionado, no
siendo capaces de distinguir los sabores como otros
animales, ya que se guían por el sentido de la
vista para poder elegir las mejores semillas.
Tienen un esófago corto y un buche que sirve
de almacén de los alimentos y donde se realiza
la primera digestión, aunque en las tórtolas
y palomas tiene importancia fundamental para segregar
la "leche del buche"para sus crías.
Poseen molleja, que en su interior tiene unas piedrecillas
o gritt, de importancia fundamental para la maceración
de los alimentos (como la masticación en la boca
de los mamíferos), y que hay que aportárselas
en la dieta.
Las heces salen a la cloaca, donde también desemboca
la orina, defecando y orinando a la vez, distinguiéndose
las heces, verduzcas y más compactas, de la orina,
que a su vez tiene un componente blanco (uratos) y otro
transparente.
Las aves necesitan alimentarse repetidas veces al día,
continuamente, debido a que tienen el metabolismo mucho
más acelerado que los mamíferos, gastando
más energía y requeriendo, por lo tanto,
más alimentos que digerir para obtener dicha
energía. Pero las enjauladas se alimentan menos
que las que están en libertad, ya que el vuelo
consume mucha energía.
En cuanto a la calidad del alimento en las aves enjauladas,
es de vital importancia restringir las semillas oleaginosas
(cañamón, pipas, navina, etc..), ya que
son muy energéticas porque son ricas en grasas,
y producen una acumulación de grasas en el animal,
sobre todo en el hígado, que es perjudicial para
su salud, por lo que la dieta predominantemente debe
tener cereales (alpiste, trigo, etc..) que son pobres
en grasas y ricos en hidratos de carbono, que son fuente
de energía de gasto rápido y no acumulable.
Tienen gran apetencia por las semillas oleaginosas (son
las que primero se comen), ya que en su ambiente natural
son más escasas y si el propietario cae en la
trampa de suministrar excesiva cantidad por su gran
apetencia, se provocará una degeneración
grasa con mucha probabilidad.
También tienen gran apetencia por las frutas,
ya que normalmente las prefieren antes que las semillas,
por lo que también hay que racionárselas,
por su gran contenido en agua, que les producirá
diarreas.
Otro componente esencial en la jaula de nuestro pájaro,
además del mencionado gritt, sea cual sea su
tamaño o especie, es el hueso de sepia o bloque
de cal, los cuales serán picados frecuentemente
para mantener en condiciones óptimas el pico
(órgano de importancia vital y muy apreciado
y cuidado por las aves) y servirán además
como aporte extra de calcio. Las barritas de cereales
tienen que utilizarse con cautela, como máximo
una al mes, debido a su gran cantidad de hidratos de
carbono, que pueden hacer engordar a los animales en
exceso, sobre todo en aquellos que no vuelan o tienen
poco espacio para volar.
Es muy frecuente suministrar determinados alimentos
como queso, carne, galletas, chocolate, etc.. a las
psitácidas, con lo que les estamos condenando
a tener una vida más corta que si no los tomaran,
ya que no están preparados para digerir estos
alimentos en condiciones óptimas, y sufrirán
alteraciones metabólicas graves a corto plazo.
En resumen, no se puede acceder a dar de comer a nuestro
pájaro los alimentos que más le gustan
o los que más gracia no nos hacen ver como se
los comen, sino los mejores para su salud.
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