
El gato necesita energía para mantener su temperatura corporal constante (la temperatura normal en el gato es 38,5º C), mantener su organismo (renovación de tejidos y órganos), asegurar todas las funciones esenciales (digestión, respiración, circulación etc.) y cubrir el gasto asociado con la actividad física.
Saber evaluar la concentración energética de un alimento
La concentración energética de un alimento se expresa, en general, en kilocalorías (kcal) de energía metabolizable (EM), que representa la cantidad de energía disponible para el gato una vez deducidas las pérdidas fecales y urinarias. Un gramo de proteínas o de glúcidos aporta entre 3,5 y 4 kcal de EM, mientras que un gramo de materias grasas proporciona entre 8,5 y 9 kcal. Los coeficientes varían en función de la digestibilidad del alimento: un alimento muy digerible aporta más energía que un alimento cuyas materas primas sean poco digeribles, por ejemplo, que contenga muchas fibras vegetales. Se desaconsejan los regímenes mixtos (croquetas con libre acceso y una o dos porciones de alimento húmedo al día), pues este tipo de asociación perturba la capacidad de autorregulación del gato. El gato es tentado a comer alimento húmedo como un “extra”, cuyo contenido calórico se suma a la ración normal de alimento seco distribuido a lo largo del día. El balance energético pasa entonces a ser demasiado elevado y el gato tiende a engordar. Sin embargo, pueden asociarse los dos tipos de alimentos si se controlan estrictamente las cantidades suministradas.
Las necesidades nutricionales del gato varían en función de la edad, el estado sexual, el estado de salud, el modo de vida y el nivel de actividad, pero también en función de las estaciones, sobre todo si tiene acceso al exterior.
En gatitos
Para un gatito, es necesaria una alimentación muy concentrada en energía desde el destete hasta los cuatro meses de edad. A los cuatro meses empieza un periodo de crecimiento más lento y es más indicado un alimento menos rico en materias grasas para enseñarle a autorregular su consumo. Hacia el año de edad sus aptitudes digestivas alcanzan la madurez y el gato es apto para consumir un alimento adulto adecuado a su modo de vida.
En gatos mayores
Con la edad, el apetito del gato disminuye debido a problemas dentarios o a una peor percepción de los olores y los sabores del alimento. A veces, un gato mayor también tiene dificultades de asimilación. Para mantener el peso del gato cuando envejece y prevenir cualquier riesgo de carencia, es necesario ofrecerle un alimento que sea extremadamente digerible y concentrado en nutrientes esenciales. El nivel energético óptimo depende del modo de vida del gato. A un gato de más de diez años que sigue saliendo regularmente le interesa comer un alimento cuyo nivel de materias grasas sea ligeramente alto. El sobrepeso afecta a un gato de cada tres de entre 6 y 8 años, pero sólo afecta a uno de cada cinco de entre 12 y 14 años y a menos de un gato de cada doce de más de 15 años.
En cambio, hay que vigilar de cerca el consumo calórico de un gato de interior que envejece: un alimento con un contenido moderado de materias grasas permite luchar contra una ganancia de peso excesiva debido a la inactividad.
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