Señales auditivas: vocalizaciones
Al igual que su antecesor salvaje, el lobo, el perro presenta cinco tipos distintos de vocalizaciones: ladrido, gruñido, gemido, gañido y aullido. La diferencia entre perros y lobos radica en la proporción en que ambos utilizan estos sonidos. El ladrido es mucho más utilizado por los caninos domésticos, mientras el aullido es más frecuentemente emitido por sus parientes salvajes. Esta diferencia se debe básicamente a que la selección realizada por el hombre durante el proceso de domesticación favoreció ciertas características de comportamiento que eran de utilidad para el grupo humano. Una señal de alarma como el ladrido era importante a la hora de comunicar la presencia de potenciales agresores.
Ladrido
El ladrido es una pauta de comportamiento genéticamente programada,
que cumple funciones específicas en la expresión de los caninos.
Sin embargo, los perros pueden utilizar el ladrido en situaciones muy diversas
y para diferentes fines cuando obtienen una recompensa. Es decir que si bien
el ladrido es un comportamiento innato que para su manifestación no requiere
aprendizaje, su utilización por parte de los perros puede verse influida
por este proceso.
Un ejemplo típico es los perros que ladran para solicitar parte del alimento
que está comiendo su dueño, quien, con el fin de callarlo, satisface
la demanda del animal. Otro ejemplo es aquellos perros que ladran llamando la
atención del propietario ya sea para jugar o salir a dar un paseo, porque
saben que con esa actitud convencerán al dueño de que haga lo
que ellos quieren. Vemos de esta forma cómo el ladrido puede adquirir
diferentes funciones a través del aprendizaje, según los resultados
obtenidos por el animal al emitir esta vocalización.
Las funciones específicas del ladrido es decir, aquellas comunes a casi
todos los perros y a los lobos- son básicamente cuatro. Una de ellas
es la de llamar a todos los miembros del grupo para iniciar una acción.
En los lobos esta acción se relaciona por lo general con las cacerías,
mientras en los perros, con los juegos o paseos.
El ladrido cumple también una función de alarma, la cual fue especialmente
seleccionada por el hombre durante la domesticación. En este caso, el
ladrido sirve para avisar al resto del grupo que algo extraño sucede,
como por ejemplo que un intruso está intentando ingresar en el domicilio
de la familia con la cual convive el perro.
Otra de las funciones del ladrido es la de amenaza. Utilizando el ejemplo anterior,
el ladrido estaría orientado en este caso hacia el intruso, no hacia
el grupo de pertenencia del perro. Su objetivo es el de amedrentar al extraño
y persuadirlo de alejarse del lugar.
Por lo tanto, es probable que el perro utilice el ladrido como una señal
de alarma o como una amenaza ante la presencia de extraños. Debido a
que en la alarma y en la amenaza están presentes tanto la agresividad
como el temor, es importante escuchar el tono del ladrido para conocer el estado
emocional del emisor. Si el ladrido tiene un tono alto, es muy probable que
el miedo del animal sea mayor que su nivel de agresividad; por el contrario,
si la agresividad prevalece por sobre el temor la vocalización será
de tono bajo. Es interesante saber, sobre todo para aquellos amantes de las
comparaciones, que los psicólogos han identificado las mismas características
en las personas. Cuando alguien está enojado y agresivo emite una voz
grave (tono bajo), mientras que si tiene miedo la voz será aguda y chillona
(tono alto).
La frecuencia con la que un perro emite el ladrido también puede reflejar
su estado emocional. Si es elevada, es decir si la vocalización se repite
con rapidez, el perro se encuentra muy excitado; por el contrario, si los sonidos
son poco frecuentes o muy espaciados, indican un menor grado de excitación.
En el primer caso intentar modificar la actitud del perro resultará una
tarea dificultosa, mientras que en el segundo caso será más fácil
cambiar su estado de ánimo. Esto estaría indicando que el ladrido
también puede servir para aliviar tensiones. Un claro ejemplo son aquellos
perros que ladran por ansiedad cuando los dueños los dejan solos. Si
la ansiedad es muy intensa, los perros emitirán sus ladridos con gran
frecuencia e intensidad, mientras que si la ansiedad es baja la frecuencia e
intensidad de esta vocalización será menor.
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