Es a partir de entonces cuando la mayoría de los científicos aceptan el hecho de la migración de las aves, pero a nivel popular todavía existen creencias como que los cucos (Cuculus canorus), anunciadores de la primavera se convierten en gavilanes (Accipiter nisus) al llegar el otoño, o como en pueblos de Castilla (España) creen que las abubillas (Upupa epops) en invierno se esconden en agujeros y se nutren de sus propias heces.
En la actualidad se acepta que la migración no es única, habiendo multitud de variantes, que unido a su complejidad, es difícil de dar una definición única.
El fenómeno de la migración no es exclusivo de las aves, encontrando migraciones muy regulares y distantes en los cetáceos, en algunos murciélagos, focas, renos, antílopes, tortugas marinas, mariposas, langostas, peces e incluso en gusanos marinos, estos realizan desplazamientos instintivamente, debido a su carácter eminentemente hereditario, debido a procesos psico-fisiológicos.
Se cree que en la era Terciaria las aves existentes ya realizaban migraciones, ya que existían alternancias entre zonas favorables y desfavorables según la época del año, aunque muchos investigadores creen que el punto inicial de la migración se produce en las glaciaciones de la era Cuaternaria, debido a las profundas alteraciones climáticas de esa época. La llegada de los hielos que cubrieron gran parte de los continentes, no provoco una huida masiva de las aves, sino que muchas de ellas perecieron de frío y hambre. Sólo algunos individuos en sus vagabundeos llegaron a regiones más favorables uniéndose a las poblaciones residentes. Más tarde y coincidiendo con el retroceso de los hielos se extendieron de nuevo al norte, de donde se vieron forzadas a marcharse cada invierno, ejerciéndose una fuerte selección natural a favor de las aves con impulsos migratorios más poderosos. Además a estas aves se unieron aves sedentarias de regiones más sureñas que a medida que los hielos retrocedían ocupaban las zonas vacías durante la primavera-verano, abandonándolas obligadas por el frío y hambre durante el invierno.
El número de especies que migran es muy elevado, prácticamente se puede afirmar que todas las especies realizan desplazamientos más o menos importantes en alguna época del año, así por ejemplo en las aves rapaces encontramos 28 especies o subespecies que tienen sus áreas de cría en el hemisferio norte, desplazándose toda la población al sur durante el invierno (especies migradoras) para retornar al año siguiente. Otras 42 especies sólo los individuos que viven más al norte o más al sur en especies australes, emigran para conseguir mayor aporte alimenticio, quedándose por regla general los adultos más al norte o al sur que los jóvenes (especies migradoras parciales). De estas 42 especies 16 anidan en Norteamérica y sólo 2 en Sudamérica. En Euroasía hay 80 especies de rapaces que son parcialmente migradoras y 9 en Asia oriental. En Australia hay 3 especies y 4 en Sudáfrica. Se ha calculado que la cuarta parte de rapaces existentes ejecutan migraciones prenupciales más o menos importantes.
En Norteamérica de las 650 especies de aves, 332 especies son migradoras y de ellas 227 son especies de bosque y matorral. Se calcula que entre 500 y 1.000 millones de individuos de estas especies se dirigen al trópico americano donde pasan 7-8 meses. A medida que nos desplazamos hacia el sur de América el número de aves es menor así, el 51 % de las especies migradoras se localizan en los bosques de México y las islas del norte del Caribe. El 30 % en la península de Yucatán y en la mayoría de las islas del Caribe. El 10-20 % en Costa Rica, un 13 % en Panamá, del 6-12 % en Colombia y entre el 4 y 6 % en la Amazonía de Ecuador, Perú y Bolivia.
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