La imitación de sonidos no es una característica única
aquellas aves que viven en cautividad. En la naturaleza se han constatado casos
en que los papagayos añaden al conjunto de sonidos que emiten otra serie
de cantos procedentes de la imitación de los trinos y sonidos que producen
otros pájaros con los que conviven. En 1993, en el Zaire se encontró
un yaco que era capaz de imitar los trinos de nueve especies distintas de pájaros
además del ruido que emitía el murciélago frutero. Se cree
que este comportamiento tiene que ver con el intento del loro por aumentar su
repertorio musical para tener mayores posibilidades en el cortejo. También
en cautividad encontramos casos de animales que sin haber llevado un entrenamiento
especifico imitan de manera notable aquellos sonidos que se producen en las
inmediaciones de su lugar de alojamiento e incluso palabras o frases producidas
por las personas que le rodean.
Pero nosotros no dejaremos al azar el que nuestro loro hable, seguiremos unos
pequeños trucos que acompañados de mucha paciencia harán
de nuestra mascota, siempre con su permiso, un orador de primera.
El mejor pájaro que podremos emplear para el adiestramiento en el noble
arte de la imitación es aquel que haya sido criado a mano y entregado
al futuro adiestrador lo más joven posible. Cuanto menos edad tenga el
individuo más fácil será adoctrinarle. El siguiente paso
es domesticar al animal para que esté confíe y establezca un vínculo
afectivo, y no se sienta amenazado. Sin domesticación previa el animal
no se sentirá seguro y será mucho más infructuoso nuestro
trabajo. Otro punto a tener en cuenta, es que parece que los papagayos entienden
mejor la voz la voz femenina, por tanto, debido a sus preferencias sexuales,
por lo menos, en lo que respecta a la imitación procuraremos que la persona
encargada de enseñar al ave sea una mujer. El adiestramiento se llevará
a cabo por una sola persona. Comenzaremos a enseñarle palabras muy simples
(hola, ven, toma...) en las que haya un predominio de las vocales sobre las
consonantes, procurando que el loro asocie una determinada acción con
una palabra, para que así le sea más fácil asimilarla (
"agua" al ponerle el bebedero, "fruta" cuando pongamos su
comida, "toma" cuando le obsequiemos con una golosina...). Recurriremos
a una sesión larga de adiestramiento o a dos cortas en las que repetiremos
la palabra elegida de manera clara, lenta y vocalizando. Desde mi punto de vista
es mejor optar por dos sesiones de menor duración (de 10 a 15 min.).
Esto permitirá al ave acumular menos cansancio y asimilar mejor. El lugar
donde llevemos a cabo el aprendizaje tendrá que ser una habitación
tranquila, en la que no existan distracciones que rompan la concentración
del animal. Algunos autores afirman que uno de los mejores lugares son los cuartos
de baño e incluso habitaciones a oscuras con una vela encendida. La mejor
hora del día es a mediodía y al atardecer, coincidiendo con los
periodos de descanso del loro. Nunca daremos lecciones a varios papagayos a
la vez o en la misma habitación; las lecciones son estrictamente individuales.
La duración de esta laboriosa tarea hasta conseguir resultados es indeterminable,
quizá nunca, quizá pronto, quizá mucho, quizá poco
quizá el día que desesperados colguemos la toalla nuestra mascota
empiece a hacer grandes discursos, no se, en definitiva perseverancia y paciencia.
Si conseguimos arrancarle alguna palabra a nuestro loro, el aprendizaje de este
irá algo más encauzado y podremos comenzar a enseñarle
palabras más complejas, a contar e incluso frases. El mejor imitador
que existe entre las aves no es ninguna psitácida, es el pájaro
miná del Himalaya (Gracula religiosa), que puede llegar a aprender una
gran cantidad de palabras y tiene, además, como ventaja sobre los loros
que imita en cualquier lugar y en cualquier momento. Los papagayos, en cambio,
solo suelen hablar en aquellos lugares y momentos en los que estén relajados
y se sientan seguros. Como ventajas de los loros se puede decir que aprenden
durante toda su larga vida, mientras que el miná solo aprende mientras
que el pájaro es joven.
El Miná es el ave que mejor imita la voz humana de todas, por delante
incluso de las psitácidas.
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