Diabetes: puede provocar un significativo aumento de la sed en los gatos
y muchas veces se detecta por el olor a acetona de su aliento y porque en
un principio aumenta de peso pero después lo pierde significativamente.
Para saber si realmente el gato la padece, el veterinario debe proceder a
realizar un análisis de orina y de sangre. El tratamiento a seguir
suele basarse en un cambio en la dieta y periódicas inyecciones de
insulina. Si nuestro gato tiene esta enfermedad, deberemos a aprender a pincharle.
Hipertiroidismo. Esta afección es una de las causas más frecuentes
de pérdidas de peso y aumento de la sed de forma significativa en el
gato viejo. Se debe a un pequeño tumor que se produce en la glándula
tiroides, y a pesar de no ser cancerígeno, sí estimula la segregación
de esta hormona en exceso. Cuando el gato la padece, suele presentarse un
apetito voraz y diarrea. Probablemente nuestro gato también esté
nervioso y demasiado activo. Se suele tratar con fármacos y mediante
cirugía. Este último es un método más invasivo
pero también mucho más eficaz. La decisión de someter
al gato viejo a la intervención, debe ser tomada considerando la opinión
del veterinario, ya que él es la persona que tiene los criterios más
objetivos sobre la situación y estado del gato.
Cataratas. Esta es una de las afecciones más comunes en los gatos
mayores. Lo más habitual es que comience con una pequeña nebulosa
que vaya progresando a medida que el gato envejezca y no llegue a producir
ceguera hasta edades muy avanzadas. Por lo general, el gato se va acostumbrando
a esta pérdida progresiva de visión. Se adapta bien a ella y
no requiere que se elimine la catarata. De cualquier forma, es muy aconsejable
hablar con el veterinario de este problema y evaluar el grado de visión
que ha perdido el gato.
Incontinencia. A pesar de que nuestro gato haya sido un animal muy limpio
y siempre haya hecho sus necesidades en su bandeja, puede ocurrir que cuando
es anciano este comportamiento sufra variaciones. No es infrecuente que se
dé este problema y según los expertos las razones que originan
esta incontinencia se deben a una infección urinaria o renal, lo que
implica una evaluación del veterinario. También puede tratarse
de pereza, es decir, nuestro gato es menos activo, más comodón
y no ha ido hasta su bandeja, lo que nos obligará a adiestrarlo de
nuevo, tal y como hicimos cuando llegó a casa. O simplemente puede
deberse a un síntoma propio de su edad, es decir por la propia senilidad
del animal. En este caso, habrá que tener paciencia y quizá
poner más recipientes en la casa. Lo mejor es consultarlo con el veterinario,
ya que si nuestro gato se encuentra en esta situación, probablemente
su estado no goce de las mejores condiciones.
Problemas dentales. Como ya hemos señalado, el sarro es el gran enemigo
de la dentadura de nuestro gato. Y precisamente, al igual que ocurre con las
personas, para estos animales, llegar a viejos con una dentadura sana va a
determinar claramente su calidad de vida. Al fin y al cabo nosotros tenemos
la posibilidad de los implantes y dentaduras postizas, pero nuestro gato no.
De ahí que debamos cuidar su boca desde pequeños, pero especialmente
cuando sabemos que nuestro gato ha entrado en años. El sarro inflama
las encías lo que facilita que las infecciones ataquen las raíces
de los dientes, aflojándolos hasta que incluso se caigan, produciendo
por otra parte dolores al animal. Hay que limpiar las acumulaciones de sarro
en los dientes y poner los medios para que aparezca lo menos posible. Por
ejemplo, la comida seca los ejercita y contribuye a aminorar el ritmo de acumulación
de sarro en la dentadura de nuestro gato.