Comportamiento alimentario

Sibarita por naturaleza, el gato debe muchos de sus hábitos a sus ancestros egipcios y a su domesticación. Felis silvestris lybica y Felis silvestris omata son los dos ancestros más probables del gato. Originarios del desierto, estos felinos tenían pocas ocasiones de beber y debían contentarse con presas magras, esencialmente ratones, que cazaban a menudo.
Ritmo alimentario
El gato de nuestros días ha conservado esta sobriedad con respecto al agua (incluso si en realidad bebe más de lo que se piensa) y el hábito de hacer varias pequeñas comidas a lo largo de las 24 horas. Así, el gato alimentado ad libitum es capaz de hacer 15 ó 16 comidas por día, ingiriendo un promedio de 8 gramos de alimento por comida. El tiempo que el gato pasa comiendo es siempre breve, unos 15 minutos en total por día. Pero la frecuencia con la que el gato se acerca a su comedero, por lo general cuando el propietario está a su lado, suele hacer creer que se pasa el día comiendo.
Algunos gatos prefieren comer por la noche, otros reparten sus comidas de manera regular, mientras que otros prefieren comer a las horas de las comidas de la familia.
Al gato le encanta "pellizcar", por eso se acerca a su plato con frecuencia para degustar un pequeño bocado. Su sistema digestivo está perfectamente adaptado a esta forma de alimentación y, en general, tolera bastante mal que se lo alimente una sola vez al día, como al perro.
La autoalimentación con croquetas ad libitum o la administración de patés o albóndigas dos veces al día, dejando además agua fresca a su disposición, parecen ser los modos de alimentación ideales, tanto para el placer del gato como para su salud. Consumidor moderado de agua, el gato bebe entre 9 y 10 veces por día, a razón de 12,6 ml por ingesta hídrica, en promedio. Como es muy sensible a los olores, detesta los recipientes de plástico, que conservan los malos olores, y prefiere con mucho los comederos de vidrio o porcelana gruesa. Ciertos gatos originales prefieren beber directamente del grifo, a veces con la pata; otros tienen una afección particular por el agua del baño, pero la principal fuente debe ser la que distribuye el propietario.
Consumidor avisado
El gato supuestamente regula por sí mismo sus ingestas alimentarias en función de sus necesidades. En efecto, las estadísticas muestran que solamente entre el 6 y el 12 % de los gatos sufrirían de obesidad, frente a entre el 20 y el 30 % de los perros.
Sin embargo, es conveniente ser razonable y limitar la cantidad global de alimento ingerida diariamente, incluso cuando se utiliza el sistema de autoalimentación. En cuanto a las variedades que hay que proporcionar al paladar del gato, su animal se lo hará saber. Representados como animales difíciles por las agencias de comunicación, ciertos gatos permanecen fieles a una marca, una textura e incluso a un único sabor durante toda su vida. Sin embargo, es cierto que el gato, al contrario del perro, preferirá morir de hambre antes que comer algo que no le guste. Por lo tanto, comprar sabores y variedades diferentes no significa ceder a sus caprichos. La educación del paladar puede hacerse en el gatito, proporcionando a la madre, durante el destete de la camada, y luego a los gatitos, alimentos de diversas texturas (patés, albóndigas, croquetas) y de sabores variados. Esta práctica permite obtener gatos fáciles para convivir.