Comportamiento social del gato - Parte II

Autor:  mascotia .com  Página Web: » Mascotia

Si bien por lo recién enunciado el gato es considerado un ser individualista e independiente, dichas características pueden variar cuando varios gatos son obligados a convivir en grupo, como sucede en muchos hogares cuyos propietarios deciden tener varios gatos. En estos casos suelen existir interacciones sociales que responden a un esquema de tipo jerárquico. Resulta habitual el establecimiento de reglas, aunque mucho menos rigurosas y estrictas que las existentes en una jauría de perros. Dichas reglas permiten la diferenciación entre individuos de mayor rango social y los que están relegados a rangos inferiores. En general los grupos de gatos están comandados por un jefe que posee autoridad absoluta sobre todos los demás miembros del clan, por lo que se lo denomina déspota. La mencionada autoridad no depende de características físicas sino que se establecen en base al carácter. El gato déspota es absolutamente respetado por todos los integrantes del grupo. Por debajo de éste se encuentran gatos de rango intermedio que no suelen establecer diferencias jerárquicas entre sí. Por tal motivo en la convivencia entre los mismos reina una relación de cordialidad. Finalmente están el o los individuo/s de rango más bajo, los denominados gatos parias.
Estos desafortunados individuos suelen ser los gatos más tímidos y usualmente son perseguidos y maltratados por los demás. Tal es así que suele vérselos refugiados en un rincón o encima de un mueble y dilatar las pupilas y gruñir en actitud temerosa ante el acercamiento de otro gato. Los gatos parias viven en una permanente condición de temor ya que habitualmente son el blanco del desahogo de la agresividad de los demás integrantes del grupo.
En la vida de estos felinos también existen situaciones en las cuales pueden actuar como una especie verdaderamente social, evidenciando no sólo tolerancia sino también ayuda mutua y cooperación. Esto es particularmente así cuando una hembra tiene gatitos. Se ha observado a otras hembras traer comida a la nueva madre y ayudar a criar a los cachorros. Algunas veces, en estas circunstancias, los machos también pueden comportarse en forma cooperativa. No obstante, es necesario aclarar que ninguna de estas actividades suelen ser muy habituales en los miembros esta especie. Según lo expuesto es posible concluir que si bien los gatos suelen ser de hábitos independientes y no necesitan de la vida en grupo para su subsistencia, existen determinadas condiciones de vida en las cuales pueden adaptarse a, o incluso necesitar, la convivencia en grupo estableciendo interacciones sociales entre los miembros del mismo.
Es por ello que, según las circunstancias, los gatos pueden actuar como una especie asocial, parcialmente social o incluso social. En lo que respecta al comportamiento sociable, es decir la sóla disposición o inclinación de los gatos hacia otros seres de su misma o de otra especie, este es particularmente elevado no sólo entre congéneres sino especialmente entre los gatos y los seres humanos.

La sociabilidad del gato hacia estos últimos tiene su origen en el antecesor del gato doméstico, el ya mencionado gato salvaje africano. Este felino, a diferencia de otras especies de gatos salvajes, evidenció desde su primer contacto con colonias humanas una inclinación para permanecer cerca de las mismas sin reaccionar frente a la presencia del hombre.
Esta característica seguramente brindó a estos gatos beneficios acerca de la explotación de las mayores concentraciones de roedores que habitaban alrededor de las granjas. A su vez la proximidad del hombre seguramente provocó una menor densidad de predadores lo que probablemente aumentó las posibilidades de éxito en la procreación y en la supervivencia de los individuos. Esta es la causa más probable para la explicación de porqué los gatos domésticos correctamente socializados con los seres humanos no sólo no huyen de los mismos sino que además buscan su compañía. El gato doméstico se habitúa fácil y rápidamente a la presencia humana, aunque conserva un amplio margen de autonomía que le permite establecer sus propias normas de convivencia. Tal es así que usualmente es el gato quien decide la oportunidad del acercamiento, siendo él quien elije buscar o aceptar las caricias, jugar o permanecer a cierta distancia de los miembros de la familia humana. Sin embargo, vale la pena aclarar que con los procesos selectivos que producen la aparición en escena de diferentes razas de gatos el comportamiento social y sociable de los miembros de esta especie está sufriendo algunos cambios que generalmente llevan a aumentar su dependencia con el hombre. No obstante ello, dichos cambios no son suficientes, al menos hasta la actualidad, como para alterar la naturaleza o la intensidad de la mayoría de las respuestas comportamentales de los gatos.

En síntesis el gato doméstico es un animal sociable que según las circunstancias puede actuar como una especie asocial, parcialmente social o incluso social, que ha elegido libremente la convivencia con los seres humanos y que todavía conserva poco alteradas, en comparación con el perro, tanto las características físicas como las comportamentales de su antecesor salvaje.

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