La Comunidad de Madrid lleva más de un año intentando localizar ejemplares de lince ibérico en la región, y las expectativas no pueden ser más desalentadoras pues, pese a haber utilizado todo tipo de sistemas (micrófonos, cámaras, estaciones de huellas y recogida de excrementos), hasta el momento no se ha obtenido ningún resultado positivo. Desde la asociación ecologista Adena, que colabora en la Estrategia de Conservación del Lince Ibérico, se considera que el hecho de que no se pueda detectar a estos felinos en la Comunidad de Madrid hace suponer que éstos se han extinguido en la zona.
A mediados del pasado año, la Comunidad de Madrid instaló quince cámaras para averiguar si aún había linces en la región. Y es que desde hace más de 20 años nadie ha visto uno de estos felinos en Madrid, aunque los ecologistas y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) están convencidos de que en la zona suroeste (entre el pantano de San Juan y el valle del Tiétar) aún quedan algunos. En la anterior legislatura, el entonces titular de Medio Ambiente, Carlos Mayor Oreja, encargó un estudio para saber si todavía pervivía este tipo de félidos en Madrid, y el informe concluyó que sobrevivían trece, pero no se pudo adjuntar fotos ni pruebas de su presencia.
El actual consejero, Pedro Calvo, ha subvencionado con 18.000 euros (tres millones de pesetas) la instalación de las quince cámaras de disparo automático en siete municipios del suroeste -entre ellos, San Martín de Valdeiglesias, Chapinería, Valdemaqueda, Navas del Rey, Fresnedillas y Robledo de Chavela- para intentar retratar al felino más amenazado del mundo, pero hasta la fecha no se han conseguido fotos de lince. Según Adena, aunque no se puede garantizar que no hay ejemplares de lince en la Comunidad de Madrid, el hecho de que no se haya podido detectar la presencia de ningún individuo en el último año a través de los censores de movilidad que se pusieron por la zona suroeste de la región hace suponer que lo más probable es que no queden linces ibéricos en Madrid.
Un miembro de esta agrupación ecologista, Alfonso Moreno, colabora con el biólogo Nicolás Guzmán, la persona designada para poner en marcha la Estrategia de Conservación del Lince Ibérico, mediante la vigilancia de las fincas y el desarrollo de trabajos de investigación y campañas de sensibilización en las últimas zonas linceras de los Montes de Toledo y del suroeste de Madrid. Moreno, que lleva realizando esta labor desde 2000, reconoce que en los Montes de Toledo orientales hay ya muy pocos linces, "quizás no más de tres, si es que queda alguno", mientras que en Madrid todavía no ha visto ningún ejemplar.
Una ardua tarea
La mayor parte del trabajo de Alfonso Moreno se desarrolla en las grandes fincas
dedicadas a la caza en las que la influencia de la Administración es
muy escasa, pues gran parte del área de distribución del lince
ibérico se encuentra incluida en terrenos de titularidad privada. Y es
que en el marco de la Estrategia Nacional para la Conservación del Lince
Ibérico, Adena, con el apoyo económico de la Fundación
Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, ha iniciado un proyecto basado
en la participación de los propietarios de fincas cinegéticas
privadas, donde se están desarrollando trabajos de investigación
para averiguar con precisión el tamaño de la población
de los linces y su situación.
Los censos se basan en la detección de marcas y señales de los animales y sobre todo en el uso de cámaras fotográficas-trampa incluidas en un censo-diagnóstico nacional. En toda España, con este método y durante los últimos años, solamente se han obtenido fotografías de linces ibéricos en Doñana y Sierra Morena, mientras que no se han conseguido datos sobre la presencia de lince ibérico ni en los Montes de Toledo ni en la zona suroeste de Madrid, "lo que tampoco demuestra su extinción de la región", apunta Moreno. En cualquier caso, en menos de 20 años la población de lince se ha reducido a un tercio. Si a finales de los ochenta había 1.200 ejemplares; hoy tan sólo quedan 400.
Serio peligro de extinción
De hecho, ya no se confía en una de las dos únicas poblaciones
que hasta ahora se consideraban viables a medio plazo, Sierra Morena y Montes
de Toledo, ya que esta última ha sufrido un descenso importante de efectivos.
Pese a todo, Alfonso Moreno considera muy positivos los acuerdos de gestión
alcanzados con las fincas privadas "porque así protegemos al lince
de la mortalidad por trampeo y caza y facilitamos que tenga alimento. También
ha sido fundamental el concienciar a los propietarios de las parcelas, que ahora
creen que no podemos quedarnos sin el lince", explica el ecologista.
Para este miembro de Adena, el mayor peligro para estos felinos son las carreteras que atraviesan las zonas linceras, donde estos animales pueden morir atropellados. Por ello, a pesar de no tener constancia de la existencia de una población de lince ibérico en la zona suroeste de Madrid, Alfonso Moreno se muestra contrario a la ampliación de la M-501, la carretera de Los Pantanos, que atraviesa este área, "porque es la llave que abrirá el desarrollo de toda esta zona, hasta ahora en perfecto estado de conservación", concluye.