Llega al zoo Dewi, una hembra de 5 años de este animal blanquinegro mitad
caballo y mitad rinoceronte, llegada desde Singapur.
Su cría en cautividad contribuye a la supervivencia de esta especia asiática
en grave peligro de extinción.
Desde hace unos días, el Zoo de Fuengirola tiene el privilegio de contar
entre sus habitantes con un tapir malayo llamado Dewi, al que acabamos de dar
la bienvenida y que se trata del primero que llega a Andalucía y uno de
los 140 ejemplares que existen en todo el mundo de esta especie asiática
en grave peligro de extinción, caracterizada por el contraste de tonos
blancos y negro de su piel que le distinguen como un exótico animal, como
auténticos fósiles vivientes con apariencia de mitad caballo y mitad
rinoceronte.
Dewi, una hembra de unos 350 kilos de peso, nació hace cinco años
en el Zoo de Singapur, en el seno del principal grupo reproductor de tapires malayos
del mundo. A principios del presente mes de julio llegó a Fuengirola, acompañada
por el jefe de cuidadores del grupo de tapires de este zoo asiático, Nanda
Kumaren, que la ha acompañado durante los primeros días, mientras
se aclimataba a su nuevo hábitat.
Su incorporación a la familia del zoo, compuesta por unos 600 animales,
se incluye dentro de los programas de protección de especies en grave peligro
de extinción en los que el zoo participa desde que fue inaugurado hace
dos años, y que han posibilitado el nacimiento en nuestras instalaciones
de crías de algunos de estos animales especialmente amenazados, como el
lemur, mandril, chimpancé, siamang, gallo de Bankiva, etcétera.
En el caso del tapir malayo también se formará una pareja reproductora,
pues en las próximas fechas llegará un macho de esta especie asiática
que convivirá junto a ella. Y es que la cría en cautividad y la
reproducción de este animal es de suma importancia, ya que la destrucción
de su hábitat amenaza su con absoluta gravedad su supervivencia. Para ser
conscientes de ello, sólo habría que tener en cuenta de que Dewi
es uno de los sólo 140 que viven en cautividad en todo el mundo y, dentro
de estos, de los 42 que quedan en Europa.
Todo ello hace que sea aún mayor la alegría que supone seguir sus
evoluciones y comprobar como, en tan corto espacio de tiempo, se ha adaptado perfectamente
a su nuevo hábitat. Basta con acercarse a la zona del Sudeste Asiático
del zoo conocida como El Manglar para sorprenderla, siempre serena y tranquila,
en los alrededores de la desembocadura del río o bañándose
en él. Allí habita en un recinto ideado en función de las
necesidades adecuadas para su cría en cautividad, que comparte con dos
especies de ciervos: los axis, que de distinguen por su bello pelaje manchado
al estilo del personaje de Disney Bambi, y los muntjaks, de pequeño tamaño
y dotados de grandes colmillos. Además, este mismo espacio es sobrevolado
por aves como el pelícano rosado y el marabú, que también
viven en él.
Al tratarse de animales de hábitos anfibios, los tapires buscan la comida
y el refugio tanto en tierra como en agua. Estos pacíficos equinos son
auténticos fósiles vivientes, herbívoros primitivos que al
igual que los rinocerontes, especie con la que guarda un gran parecido, son miopes,
pero tienen muy desarrollado el olfato y el oído. Además, están
considerados como los principales agentes dispersores de semillas de muchas especies
de plantas, algunas de las cuales germinan en cuanto pasan por su tubo digestivo.
En cuanto se siente cercana la presencia de este animal, lo que más llama
la atención es el color de su piel. A los ojos del visitante, la contrastada
coloración blanquinegra del Tapir Malayo parece muy llamativa, pero no
se trata, precisamente, de un elemento puramente estético. Esta característica
juega una función muy especial para su supervivencia y se convierte en
vital para el animal en su hábitat de origen, pues les permite romper su
silueta entre los claroscuros del suelo de los densos bosques indomalayos y ocultarse
de la aguda vista del tigre, su principal depredador.
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