Entre los peces cuyo futuro es más dudoso, el calandino y el barbo comiza pertenecen a especies endémicas de la Península Ibérica. Ambos comparten el dudoso honor de estar en peligro de extinción, aunque no son los únicos. El calandino
es un pez estilizado, de apenas 12 ó 15 centímetros de longitud y con aletas pequeñas,
que habita en tramos altos de los ríos, en embalses y en aguas tranquilas de la
mitad norte de Madrid.
Al barbo comiza le gustan las aguas activas, además de profundas. Por eso vive, sobre todo, en el Tajo y el Jarama. Alcanza 40 centímetros
de longitud y son característicos su cabeza grande, su hocico prominente y sus
dos pares de barbillas. Es víctima de la contaminación industrial, de la desecación
de los cauces y de las canalizaciones.