Si hundimos levemente (1 cm) el borde de la copa en la grava y realizamos un
suave pero enérgico movimiento de vaivén, podremos comprobar que
la capa más superficial de la grava libera las impurezas acumuladas entre
sus granos. La copa incremente la potencia de la succión cuando el borde
se entierra levemente, y además el agua ha de entrar bajo la copa desde
fuera de ella y a través de la grava, con lo que el efecto limpiador
es aún mayor. Repitiendo el proceso a lo largo de toda la superficie
libre del acuario lograremos un grado de limpieza más que satisfactorio
de la grava.
La copa además cumple otra función, permite absorber desechos
sin necesidad de acercar la manguera a la grava. Si hiciésemos esto,
comprobaríamos como rápidamente una sucesión de pequeños
granos de grava pasaban a través del tubo, y lo más seguro es
que terminasen obstruyéndolo. A la hora de sifonar hay que prestar especial
atención a las cuevas, rincones y otros "escondites", donde
es bastante frecuente que se acumule basura, es por esto también que
a la hora de diseñar un acuario deberemos de introducir el número
absolutamente necesario de este tipo de escondites y recovecos (o lo que es
lo mismo, evitarlos si es posible).
Realizar un sifonado concienzudo cada vez que hacemos un cambio parcial de
agua suele ser más que suficiente para mantener nuestro acuario en un
perfecto estado. Coincidiendo con el sifonado / cambio de agua semanal, es recomendable
realizar la limpieza (lavado) del material del filtro mecánico.
Precauciones a tomar con el agua
Esta claro que si vamos a extraer un cierto volumen de agua de nuestro acuario
habrá que sustituirla por agua nueva, o acabaremos "secando"
nuestro tanque.
Hay que tener en cuenta unos pocos principios básicos relacionados con
el agua que vamos a usar:
El agua de consumo urbano suele estar tratada con algún agente germicida
como el cloro. Los anticloro que podemos encontrar en el comercio son capaces
de neutralizar algunos de estos principios, pero son ineficaces frente a otros
como las cloramidas. El dejar reposar el agua durante 24 - 48 horas en un recipiente
con bastante superficie de contacto agua aire (que no sea de boca estrecha),
hará que desaparezca del agua la mayor parte del cloro, fuese cual fuese
la forma en la que se añadió. El añadir un aireador que
mueva la superficie del agua incrementa la eficacia del proceso. Si no deseamos
emplear este método, deberemos informarnos en el servicio de aguas de
nuestra población de cual es la substancia empleado y de si los anticloro
son eficaces frente a ella.
Deberemos dejar correr durante al menos 30 s. el agua antes de emplearla en
el acuario, puesto que el agua que sale justo al abrir el grifo ha permanecido
en las cañerías estancada durante cierto tiempo, y el riesgo de
que contenga residuos tales como metales pesados es mayor.
El agua que añadamos a nuestro acuario tendrá que tener idénticas
características físico químicas (temperatura, Ph, dureza...)
que el que ya hubiese en su interior, para evitar un shock a los peces.
La limpieza del filtro, en especial del mecánico, es importante. Los
restos acumulados en el material filtrante sólo son una fuente de amoniaco
que las pobres y sufridas bacterias del filtro biológico tendrán
que trasformar. Lavando el material filtrante del filtro mecánico una
vez a la semana, les quitamos algo de trabajo.
Por muy buena que sea la tapa de nuestro acuario siempre habrá pérdidas
por evaporación. El agua se evapora, pero las sales que contiene no,
con lo que si empleamos agua normal para reponer estas pérdidas por evaporación
incrementaremos gradualmente la dureza del agua. Cuanto más dura sea
el agua, más marcado será el proceso. Lo ideal sería utilizar
agua destilada para reponer estas pérdidas, en la práctica se
puede usar agua muy blanda si realizamos cambios periódicos de cierto
volumen de agua.
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