La Cópula
Los hurones suelen presentar dos periodos de cría al año, en
primavera y en otoño, de todas formas no es extraño que los animales
que viven dentro de casa no respeten estos ciclos debido a que los periodos
de iluminación por la presencia de luz artificial no se ajustan a lo
que debería de ocurrir en esa época del año. Los turones
suelen criar únicamente en primavera (marzo / abril).
Se puede saber fácilmente cuando la hembra a entrado en celo. La vulva
aparece enrojecida e inflamada, se produce un aumento del olor corporal y las
patas posteriores pueden aparecer humedecidas como consecuencia de las descargas
vaginales. Así mismo suele ocurrir que la hembra en celo se muestre inapetente.
En el caso de los hurones se recomienda que sea el macho el que es llevado a
la jaula de la hembra. El mejor momento para la monta es el décimo día
de celo. La cópula puede catalogarse como violenta. El macho muerde a
la hembra en la nuca y suele arrastrarla. Este comportamiento es necesario para
que la ovulación se produzca adecuadamente. No es raro que la hembra
sufra heridas durante esta experiencia.
Durante la cópula es normal que la hembra luche y emita gritos. Si esta
dispuesta para recibir al macho cerrará los ojos y quedará flácida.
Si se resiste en exceso, intenta morder con fuerza y libera abundantes secreciones
de sus glándulas anales hay que retirar al macho, puesto que la hembra
no está preparada y si los mantuviésemos juntos los animales podrían
herirse gravemente (en estos casos suele salir perdiendo la futura madre).
Si todo va bien deberemos mantener a ambos progenitores juntos durante un par
de días, durante los cuales comerán y beberán del mismo
lugar y dormirán juntos. Durante este periodo de tiempo probablemente
se aparearán varias veces. Transcurrido este retiraremos al macho. En
la naturaleza (turón) el macho se va y deja toda la responsabilidad de
la crianza a la hembra.
Gestación
Si todo ha ido bien nuestra hembra habrá quedado gestante. Tras la monta
la vulva recuperará su aspecto normal en 24 - 48 horas. Es importante
vigilar el tracto reproductor femenino en los días posteriores para observar
la presencia de cualquier secreción anormal. Si esto sucediese deberemos
de llevar a nuestra hembra al veterinario de inmediato.
Si todo va bien la gestación durará habitualmente 42 días.
Una semana o diez días antes de la fecha esperada de parto deberemos
proporcionar a nuestra futura mamá un lugar donde instalar su nido. Un
barreño o recipiente similar con un trozo de tela suave o una toalla
(no demasiado relleno o las crías se perderán) es apropiado.
Aproximadamente una semana antes del parto la hembra perderá algo de
pelo, la vagina tomará un color amoratado y se mostrará más
voluminosa, las mamas y pezones también aumentarán de volumen.
El animal pasará más tiempo durmiendo del habitual. El parto debería
resolverse en unas dos horas, aunque los animales primerizos siempre tardan
algo más. Si la hembra permanece mas de una hora de parto sin que llegue
a nacer ninguna cría o se la observa sin fuerzas o con los ojos vidriosos
deberemos de llevarla de inmediato al veterinario. El número de crías
oscila entre 6 y 12, y la hembra se ocupa de cortar el cordón umbilical,
comerse las placentas y lavar a las crías.
La mayoría de las hembras son capaces de producir leche para sus crías
desde el mismo momento del parto. Por desgracia hay animales que no llegan a
producirla o en los que la bajada de la leche se retrasa hasta doce o catorce
horas tras el parto. En estos casos hay que recurrir a la leche maternizada
que deberemos suministrar a biberón. Si es un problema temporal solo
será una pequeña molestia, en otro caso es un problema grave.
El animal no es válido para la cría y seguramente no seamos capaces
de sacar adelante a todos los cachorros, tarea que por otra parte es terriblemente
trabajosa.
Otros problemas que pueden darse es que la madre rechace a las crías
o las ataque. También habrá que recurrir a la crianza artificial
si queremos que los cachorros sobrevivan e igualmente habrá que descartar
a la hembra para futuros intentos.
En el momento del nacimiento las crías miden entre 2,5 y 4 cm, son incapaces
de valerse por si mismas (sordas y ciegas) y carecen de pelo. Hay que vigilar
a la hembra para ver si cuida a sus cachorros, pero se la debe de dejar lo más
tranquila posible y no tocarla ni a ella, ni a los cachorros, ni el nido en
las 48 horas posteriores al parto. Pasado este periodo podemos revisar la camada
y retirar los animales muertos si es que hay alguno. No hay que limpiar el nido
durante las primeras tres semanas. A partir de este momento conviene empezar
a manipular a las crías (sin pasarse) para que se acostumbren a los seres
humanos y su sociabilidad sea mayor. Cuanto más tiempo se esté
en contacto con ellos a partir de su tercera semana de vida mejores mascotas
serán. A partir de la quinta o sexta semana abren los ojos, y se les
puede empezar a enseñar a alimentarse en un recipiente con leche tibia.
Es mejor empezar por los cachorros más desarrollados para que así
la leche de la madre se elimine poco a poco. Para convencerles de que ingieran
alimentos sólidos hay que suministrarlos primero remojados en la leche
hasta que se acostumbren. A partir de las seis semanas es esencial una estrecha
interacción con las personas para que la socialización sea buena.
En el mismo instante en que sean capaces de beber leche por si mismos pueden
separar se de la madre, aunque es recomendable esperar hasta que sean capaces
de ingerir alimentos sólidos.
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