Si nos damos una vuelta por cualquier tienda de animales, seguro que encontraremos
juguetes para mascotas. Los hay para perros, gatos, loros... los hay incluso
para pequeños roedores. Muchos de estos juguetes llevan frases tan atractivas
como "diseñados por psicólogos de animales". Así
pues la pregunta que sin duda surge es, ¿realmente necesitan jugar nuestros
roedores?. Esta será la pregunta que trataremos de responder en el presente
artículo.
En primer lugar deberemos de aclarar algunos puntos. El comportamiento conocido
como "juego" desde el punto de vista de la etología (estudio
del comportamiento) esta destinado al aprendizaje y al ocio. Se ha podido demostrar
que durante el juego se liberan substancias conocidas por el nombre de endorfinas
que actúan sobre el cerebro provocando una sensación de bienestar.
Es esta la razón de que a los animales les guste jugar. El comportamiento
"juego" se da preponderantemente en los animales jóvenes, aunque
también puede aparecer en los animales adultos de especies que desarrollen
un comportamiento social, como por ejemplo el lobo.
En los roedores, salvo excepciones, los únicos animales que juegan son
las crías. Entonces ¿Por qué hay juguetes para roedores?.
La respuesta es bastante simple; los roedores adultos no necesitan jugar, pero
sin embargo si necesitan entretenerse.
En la naturaleza, los roedores destinan la mayor parte de su tiempo a la búsqueda
de alimento. En cautividad no hay necesidad de dedicar horas a estas labores,
basta con acercarse al comedero y llenarse la barriga, esto tiene como consecuencia
que el animal disponga de mucho más tiempo "libre".
Los animales son muy parecidos a las personas en muchos aspectos. Cuando uno
tiene mucho tiempo libre, sin poder hacer nada, se acaba aburriendo. Como consecuencia
de este aburrimiento, se desarrollan conductas para paliarlo.
La más inofensiva de todas es el sueño; si no hay nada que hacer,
a dormir. La poca actividad de los animales puede ser desesperante para sus
dueños y conducirles a la obesidad. Pero como ya hemos dicho, el sueño
es la menos peligrosa de las conductas que puede generar el aburrimiento. Frecuentemente,
este aburrimiento desencadena la aparición de conductas destructivas,
hacia el alojamiento, otros animales o incluso el dueño.
Los animales que se aburren son a priori pendencieros. Se muestran agresivos
hacia otros animales e incluso hacia sus cuidadores. Las peleas en estos casos
suelen tener consecuencias mucho más graves y pueden incluso llegar a
ser mortales.
La tercera posibilidad es que el comportamiento destructivo se de hacia el entorno.
El animal roerá y destrozará todo lo que pueda para distraerse.
Por último si el entorno no es lo suficientemente rico en estímulos,
pueden aparecer las estereotipias. Todos hemos visto alguna vez un animal encerrado
en una jaula que realiza una y otra vez los mismos movimientos con precisión
milimétrica, sin que dichos movimientos obedezcan a ningún fin.
Estas actitudes nos indican que el comportamiento del animal esta gravemente
alterado, generalmente de manera irreversible.
Estas alteraciones son mucho más intensas en aquellas especies que tienen
un comportamiento social, en especial si se les mantiene alojados solos.
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