Las mejores condiciones que podemos ofrecer a nuestros reptiles son una temperatura
adecuada, espacio, alimento, un lugar soleado, abundantes radiaciones solares...
Estas condiciones tratamos de reproducirlas en un terrario para que nuestra
mascota se encuentren en una situación optima, pero nunca serán
idénticas, por mucho que nos esforcemos, a su hábitat natural.
De todas maneras, hay un estado intermedio entre el cautiverio optimo en un
recinto de dimensiones limitadas y el estado de libertad absoluta, aplicable
a un determinado número de especies, y que reúne las ventajas
de la vida en un terrario y las que tiene el animal en libertad, además
reduciendo los inconvenientes de ambos estados. Esta situación consiste
en tener a nuestros animales durante la época del año en que el
tiempo atmosférico lo permita en semilibertad al aire libre. En este
artículo os mostraremos la manera de alojar en un estanque exterior a
vuestras tortugas ornamentales de agua dulce durante los meses más propicios,
siempre y cuando dispongáis de un pequeño terreno en el se pueda
reconstruir un ambiente aun más parecido al natural del que proporcionamos
en nuestro acuaterrario.
El primer paso para comenzar la construcción es hacernos con un plástico
o lona especial para estanques que no permita las filtraciones de agua y que
sea resistente a las raíces. Lo encontraremos principalmente en comercios
dedicados al riego y a la decoración de exteriores. Colocaremos el plástico
en el lugar elegido y marcaremos con estacas las cuatro esquinas clavadas en
el suelo. Retiramos el plástico y unimos las estacas con una cuerda para
delimitar el terreno.
Una vez hecho esto con una pala "dibujamos" en el suelo la forma que
queremos que tenga el recinto, siempre teniendo bien en cuenta que entre la
orilla de estanque y el cordel habrá como mínimo una distancia
de 20 cm. y que el contorno que delimitemos deberá tener un aspecto lo
más natural posible.
A partir de este momento comienza el trabajo duro; a excavar. Hacer el vaciado
del estanque será un trabajo de fuerza que cada cual puede realizar de
la forma y manera que le resulte más gratificante. En este punto vale
todo lo que se nos ocurra para hacer el hueco. El lado orientado al sur del
estanque tiene que ser el más profundo ( de 50 a 80 cm.) y sus orillas
serán verticales, mientras que la orilla de la parte orientada al norte
caerá en un continuo declive hasta unirse a la pared vertical del lado
opuesto. La tierra extraída al excavar se reparte por el lado norte inmediatamente
a continuación de las zonas planas de la orilla, creando una barrera
en forma de media luna que tendrá como misión acumular calor y
proteger del viento.
La siguiente fase consistirá en darle forma al hoyo que hemos abierto
en nuestro jardín, para que empiece ya a parecerse a un estanque. Para
realizar esta operación lo primero que tenemos que hacer es comprobar
que las orillas del estanque estén a la misma altura. Esta "difícil"
operación de ingeniería se llevará a cabo con un tablón
o un listón rígido de madera de suficiente longitud para que alcance
una orilla y su opuesta, y un nivel de agua. Emplazaremos un extremo del tablón
en una orilla y el otro en la opuesta, y situaremos el nivel de agua en el centro
del tablón, quitando o poniendo tierra prensada de aquel extremo en el
que sobre o falte. Hay que tener bien presente que en un lugar el nivel de la
orilla tiene que ser un punto más bajo para que el agua escape, sin que
pueda provocar daños al derramarse en esa dirección en caso de
inundaciones o fuertes lluvias.
Conseguiremos distintas profundidades y un buen lugar para que se asienten las
plantas construyendo terrazas concéntricas del estilo de las curvas de
nivel que aparecen en los mapas. Las raíces de las plantas que encontremos
excavando serán arrancadas de inmediato, así como troncos, piedras,
o cualquier otro material que sea susceptible de abrir un agujero en la lona
plástica. El fondo será convenientemente apelmazado y compactado.
Si el terreno que escojamos presenta galerías frecuentemente de topos,
ratones o topillos, colocaremos en el fondo una tela metálica de malla
fina que no permita el paso de los micromamíferos. Cubriremos el fondo
con tierra fina o periódicos para evitar que algún fragmento de
piedra afilado pueda rasgar la lona de recubrimiento. Alrededor del estanque
haremos un surco de 10 cm. de profundidad por 10 cm. de ancho donde posteriormente
vamos a enterrar el borde de la lona plástica.
Una vez excavado el agujero y dado forma el estanque colocaremos por fin la
lona. Los lados del plástico sobresaldrán por igual de los bordes
del estanque. Ajustaremos la lona a los contornos y formas que hemos creado
e introduciremos los bordes de esta en la zanja que rodea el recinto, recubriéndola.
El trozo de lona que sobresalga se recortará a excepción de en
aquella zona que hayamos destinado a desagüe, donde dejaremos el plástico
más largo y abriremos la zanja que hemos hecho alrededor del estanque.
Rellenaremos el surco y la zanja de desagüe (ojo, la zanja tiene que estar,
aún rellena, a un nivel inferior que el resto del borde), entonces con
tierra hasta que dejemos de ver el plástico.
Posicionada la lona cubriremos el fondo con arena sin lavar y nunca tierra que
debido a su concentración de nutrientes provocaría un crecimiento
inaceptable de las algas. Sobre la arena pondremos piedras formando cuevas,
troncos,... que sirvan de cobijo a nuestros inquilinos.
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