
APROBACIÓN DEFINITIVA POR EL CONGRESO 121/000145 Orgánica por
la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal.
El Pleno del Congreso de los Diputados, en su sesión del día 6
de noviembre de 2003, aprobó, de conformidad con lo establecido en los
artículos 81 y 90 de la Constitución, el Proyecto de Ley Orgánica
por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del
Código Penal, con el texto que se inserta a continuación.
Centésimo vigésimo cuarto. Se modifica el artículo 337
que queda redactado como sigue:
Los que maltrataren con ensañamiento e injustificadamente a animales domésticos causándoles la muerte o provocándoles lesiones que produzcan un grave menoscabo físico, serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales.
Junto a esta propuesta, que tiene por objeto, esencialmente, el régimen
de penas y su aplicación, la reforma del Código Penal pretende
la adaptación de los tipos ya existentes y la introducción de
nuevas figuras delictivas en los términos que se desprenden de las diferentes
propuestas parlamentarias y de acuerdo con las más acuciantes preocupaciones
sociales, con el fin de conseguir que el ordenamiento penal dé una respuesta
efectiva a la realidad delictiva actual.
En cuanto a los delitos, cabe destacar las siguientes modificaciones:
El maltrato de animales domésticos se configura como delito cuando la
conducta sea grave, manteniéndose la falta únicamente para los
supuestos leves. Asimismo, se introduce como falta el abandono de animales.
Se establece, como se ha señalado, una falta de maltrato de animales
cuando la conducta fuese muy leve y no tuviese las consecuencias previstas para
el delito.
Una noche fría, lejana en el tiempo pero muy viva en el recuerdo, 15
animales fueron torturados hasta la muerte. Sus cuerpos sin vida fustigaron
la conciencia colectiva de este país, hasta entonces adormecida por la
simple ocultación pública. Ellos, las «víctimas de
Reus», cuya tortura y muerte permanecen, creemos, impunes, lograron sin
embargo, cada hora que pasaron desagrándose, durante cada minuto de dolor
y de agonía, poner en marcha el engranaje del Estado y llegar, nada menos,
que a obligarlo a modificar una Ley Orgánica, el Código Penal.
Y su grito fue repetido por el eco a lo largo de este país de nuestras
miserias, y miles, centenares de miles de gargantas, gritaron al unísono
con ellos.
Un hecho sin precendentes en este país, y en muy pocos otros. Una petición
popular para forzar la modificación de una Ley Orgánica, una petición
popular que no tenía el respaldo jurídico. Una petición
popular que desbordó a todos, y desbordó al Estado.
Durante dos meses y medio, apenas en un suspiro, ciudadanos de España
se lanzaron a la calle para poner nombre y firma a cada una de las gargantas.
Y el resultado fue abrumador. Abrumó al Estado, abrumó a la prensa,
abrumó a los legisladores, abrumó a cámaras legislativas
autonómicas, y todos ellos recogieron el testigo, y unos legislaron y
otros descubrieron que casi siempre el animal debe ser noticia por su dolor,
y todos ellos, creemos que además han reflexionado.
Desde entonces se suceden foros, comentarios, programas y escritos, poniendo
en tela de juicio el trato que damos en España a nuestros animales, y
se plantea la duda, más que razonable, de si no están sufriendo
dos veces, una por la infamia y otra por la impunidad.
El texto de modificación del artículo 337 del Código Penal,
que aparece al inicio, ha sido censurado por su cortedad y casi rechazado en
muchos medios proteccionistas. También es muy español, si pedimos
diez y nos dan cuatro, decir: «·Pues ahora no lo quiero».
La inteligencia, sin embargo, nos dice que hay que cojer los cuatro y decir:
«Me debes seis».
Y estos cuatro que hemos cogido con rabia, estos cuatro que son parte de una
deuda casi impagable, son mucho más que papel escrito: por primera vez
en nuestra calamitosa historia nacional, los políticos dicen que «está
mal maltratar a un animal», y dicen que es un delito. La escalera es muy
larga, pero el primer peldaño era el más alto, y a ese ya hemos
subido.
Aquella noche de noviembre algo empezó a cambiar en este país.
Las «víctimas de Reus» y tantas otras víctimas presentes
y futuras, miles de ellas, tienen ahora una esperanza.
La Fundación Altarriba actuó de catalizador del rechazo popular, y recogió, contó, empaquetó y entregó las firmas al Congreso de los Diputados. En esas cajas iban las esperanzas de profesores de universidad, taxistas, jornaleros, proteccionistas, particulares y entidades públicas y privadas, empresarios, funcionarios del Estado, amas de casa, jubilados, profesionales liberales, estudiantes, gentes de derechas y de izquierdas, deportistas. A todos vosotros, gentes de bien, a los que llorásteis al firmar o lo hicísteis con rabia, en nombre de las víctimas, GRACIAS.
Fundación Altarriba, Amigos de los Animales