El Fondo Amigos del Buitre, se constituye como tal y comienza, en 1986, a
normalizar áreas de alimentación suplementaria para aves carroñeras en distintas
localidades del altoaragon, si bien esta actividad la venían llevando a cabo
los socios fundadores como iniciativa personal con anterioridad, desde 1980
aproximadamente. En estos lugares, se realizan aportes de comida a estas aves
en colaboración con el mundo rural y con la colaboración de distintas entidades
y asociaciones. El conjunto de estas Areas de Alimentación Suplementaria constituye
el llamado Proyecto Gypaetus-percnopterus. Los nombres latinos de quebrantahuesos
y alimoche se combinan para dar fuerza a la base del proyecto, que consiste,
fundamentalmente, en la creación y posterior manutención de comederos, Areas
de Alimentación Suplementaria técnicamente (A.A.S. en adelante), que pretenden
sustituir a los antiguos muladares rurales en áreas controladas sanitariamente,
donde la diversificación de alimento se evalúa y orienta a los niveles óptimos
de aprovechamiento por parte de las aves.
Contexto y justificación
Con frecuencia se nos pregunta el porqué de nuestra labor, porqué dar de comer
a las rapaces necrófagas. Parece difícil de comprender que unos naturalistas
como nosotros se dediquen con tanto ahínco a algo aparentemente tan alejado
de los fenómenos naturales que tanto perseguimos para disfrutar y aprender.
La explicación es bien sencilla pero tiene cierto poso de tristeza.
El ser humano se hace sedentario…ya saben, siglos a. Y conseguir mas y mejor
sustento a través de la agricultura y la ganadería se convierte lógicamente
en obsesión. En la época moderna, siglos XIX y fundamentalmente el XX, consigue
desarrollar maquinaria que facilita enormemente su trabajo y con la que consigue
maximizar el tamaño y rendimiento de sus explotaciones agropecuarias. Esto nos
lleva a que hoy día, todo el terreno físicamente roturable lo este, quedando
indemnes únicamente aquellas parcelas salvaguardadas por su accidentada orografía,
y a veces ni eso, si pensamos en las explotaciones forestales.
Con esta drástica alteración del hábitat, desaparecen las manadas de ungulados
salvajes que servían de sustento a nuestros buitres, y desaparece por tanto
el nicho ecológico para el cual la evolución tan pacientemente los diseño [1].
Sin embargo, con su nicho ecológico erradicado, no perdemos nuestros buitres.
¿Cómo es posible esto?. Esto es la paradoja de las paradojas, especies que subsisten
sin nicho ecológico que ocupar. Las manadas salvajes son sustituidas por enormes
rebaños de ganadería doméstica y se les ofrece con ello una nueva fuente de
alimento, hasta el punto que su situación hoy día es casi exclusivamente dependiente
de la ganadería doméstica y las actividades humanas en el medio rural. Se convierten,
quizás, en las especies de mas estrecha dependencia de las actividades y designios
del hombre.
Después de este breve preámbulo, quizás resulte más fácil de comprender la
importancia de que perduren determinadas prácticas ganaderas, que hoy día peligran,
además de conseguir que se inviertan o por lo menos maticen, determinadas normativas
flagrantemente contrarias a la conservación de los buitres.
Durante las últimas décadas, las medidas sanitarias han dado pie a que los
muladares rurales (lugares donde se depositan los animales muertos para que
sean devorados por las aves carroñeras) fueran sellados, y con ello prohibida
una de las prácticas tradicionales en la ganadería rural que más favorecía a
nuestros buitres. En determinados casos, se trataba de lugares estratégicos
de gran importancia para los buitres y resultó realmente trágico su cierre. |