El Ayuntamiento de Madrid cuenta desde hace tres años con un servicio de emergencias
muy especial que, en lugar de personas, atiende a mascotas heridas
Javier, Lidia, Sandra y los demás veterinarios del Sevemur son una especie de ángeles de la guarda de los animalillos heridos. Comenzaron su andadura hace tres años de la mano del Ayuntamiento y con un único objetivo: atender todas las emergencias que se producen en Madrid relacionadas con perros, gatos o cualquier otra criatura que requiera la intervención de un veterinario. Diariamente reciben avisos de canes atropellados, mininos caídos de un sexto piso, palomas heridas, serpientes sueltas en la Casa de Campo e incluso ovejas vagando libremente por Madrid. Son el Samur de los animales, aunque desafortunadamente con menos medios.
Ninguna ciudad europea cuenta con un servicio municipal de emergencias que atienda a animales heridos. Madrid lo tiene desde hace tres años y, por tanto, puede presumir de ser la pionera. También puede alardear de tener el Servicio Veterinario Municipal de Urgencias (Sevemur) en manos de verdaderos profesionales a los que se les ve la vocación en los ojos. Javier Birlanga, Sandra, Lidia y el resto del equipo se desviven por atender cuantos avisos reciben de la Policía Municipal, y se vuelcan cada vez que se encuentran un perro atropellado o un gato malherido. Sin embargo, el Ayuntamiento no puede alardear precisamente de la dotación que aporta a su especial "Samur animal", ya que el Sevemur hereda las ambulancias y furgonetas que el Samur desecha tras muchos años de uso.
El Sevemur cuenta con tres ambulancias cedidas por sus compañeros del Samur, y lo cierto es que están bastante vetustas y anticuadas. Sin ir más lejos, la pasada semana tuvieron que dejar uno de los vehículos en el taller para pasar una revisión. Estas furgonetas sin aire acondicionado ni dirección asistida contrastan, por ejemplo, con los modernos vehículos del Servicio Especial de Limpieza Urgente (Selur). Cada día puede vérselas aparcadas en la avenida del Mediterráneo, cerca da la plaza de Mariano de Cavia, donde tienen su base. De allí salen Javier y el resto de veterinarios y auxiliares cada vez que reciben uno de sus cinco o diez avisos diarios. Las llamadas provienen siempre de Policía Municipal o el 112, y se refieren a casos urgentes de animales heridos o en estado crítico en la vía pública, o bien que no tienen dueño y andan sueltos por la calle.
No atienden, por tanto, avisos de particulares que tengan algún problema con sus mascotas, porque eso ya entra dentro de la atención privada de las clínicas veterinarias. Poco a poco los madrileños van conociendo este servicio que entró en funcionamiento en febrero del 2000. La idea se le ocurrió a Javier Birlanga, propietario de la empresa Vet Móvil, que le ofreció este servicio al Ayuntamiento y firmó el correspondiente convenio con él. Desde entonces, reciben una partida presupuestaria del Consistorio que les ayuda a atender a esos cerca de dos mil animales al año. Atropellos, accidentes de tráfico o incendios en los que se ven implicados animales son sus principales casos.
Cuentan, por ejemplo, que en verano es cuando más atropellos de perros se producen, "porque es cuando la gente los abandona". Lidia y Sandra también dicen que en los meses de verano es "cuando tenemos más avisos de gatos que se han caído desde una terraza, ya que los dueños siempre se dejan alguna ventana abierta". En el caso de accidentes de tráfico o incendios, "primero tienen que entrar los efectivos sanitarios o los bomberos, y después ya actuamos nosotros para atender a los animalillos heridos", explica Lidia. Aunque atropellos, gatos caídos desde las alturas o accidentes de tráfico son el "pan nuestro de cada día" del Sevemur, también han atendido en estos años situaciones tan dramáticas como animales medio muertos colgados de un árbol, e incluso "un perro del que sus dueños se quisieron deshacer y no se les ocurrió otra cosa que pegarle un tiro con un revólver".
En el lado de las anécdotas recuerdan un poni que tuvieron que ir a buscar porque se había fugado de un poblado chabolista cercano y deambulaba como si tal cosa por la avenida del Cardenal Herrera Oria. También encontraron tres ovejas sueltas en Pitis, y una iguana "paseando" por el Puente de Ventas. El Sevemur ha atendido en estos tres años las llamadas de algunos madrileños que habían localizado una paloma herida, y hasta serpientes sueltas por la Casa de Campo. Otro de los casos más pintorescos se ha dado esta misma semana. La Policía acudió a un desahucio de una casa en cuya puerta los dueños tuvieron "la genial idea" de dejar atado a un pit bul. Una de las veterinarias que acudió a este aviso relata que la Policía Municipal, después de varios intentos, tuvo que disparar un dardo sedante al perro, y después avisó al Sevemur para que acudiera a curar el disparo al can.
"Atendemos muchos casos de animales agresivos", y por ello en la ambulancia del Sevemur nunca falta un bozal. Más cosas curiosas: en los últimos tiempos se extá extendiendo la constumbre de abandonar a los perros en el cementerio de La Almudena, donde hay ya un auténtico ejército de perritos solos. "Le estamos pidiendo al Ayuntamiento más medios", dice Javier Birlanga, director de este Samur de los animales. En cualquier caso, quiere dejar constancia de la enorme colaboración que les prestan sus compañeros del Samur, de los bomberos y de la policía, "que siempre se portan muy bien con nosotros". Tan bien como se porta el Sevemur con los animalillos, que tienen así unos ángeles de la guarda las 24 horas del día, los 365 días del año.