La confirmación abrumadora, por medio de análisis toxicológicos,
de la muerte por envenenamiento de cantidades crecientes de especies protegidas,
la constatación de que el veneno se ha extendido por todo el país,
junto con la insuficiente respuesta de las administraciones competentes, son
las razones por las que las principales organizaciones ecologistas del Estado
español decidieron crear un frente común contra los cebos envenenados.
Esta iniciativa coordinada, sin precedentes en nuestro país, está
motivada por la necesidad de aunar fuerzas ante la gravedad, urgencia y extensión
de este problema. Por todo ello se crea el Programa Antídoto.
A finales de los años sesenta, las principales poblaciones ibéricas
de aves carroñeras y grandes águilas (real e imperial) se encontraban,
probablemente, en el momento demográfico más bajo de su historia.
Así, el águila imperial -con 50 parejas- estaba cercana a su desaparición
como especie a causa del uso masivo de cebos con estricnina, promovido por la
propia administración a través de las llamadas "juntas de
extinción de animales dañinos". No obstante, dos décadas
de evolución de la conciencia social hacen que en 1983 se declare ilegal
el uso de cebos envenenados para el control de depredadores. A partir de esas
fechas se observa una fuerte recuperación de los grandes carroñeros,
especialmente del buitre leonado. Incluso el águila imperial consigue
superar ampliamente la cota de las 100 parejas hacia el final de la década.
Sin embargo, cuando el veneno parecía un mal sueño del pasado,
los indicadores y las alarmas biológicas se dispararon de nuevo. El hallazgo
de carroñeros muertos (o especies que lo son ocasionalmente) se va incrementando
de nuevo cada año a partir de 1992. Todo apunta a que el desencadenante
del regreso a los cebos envenenados en los cotos es la creciente escasez de
caza menor, básicamente atribuible al deterioro de sus propios hábitats,
al crecimiento incontrolado de la presión cinegética, así
como a las sucesivas enfermedades del conejo. En este contexto, además,
el recrudecimiento de la persecución de depredadores va más allá
de los grandes cotos perdiceros al iniciarse las repoblaciones con perdiz y
conejo de granja que se extienden rápidamente por todo el país.
El aumento de las inversiones en los cotos y las recomendaciones "técnicas"
de eliminación de depredadores, previa a las repoblaciones cinegéticas,
lleva en muchos casos, a cotos privados o sociedades de cazadores al extremo
de situarse fuera de la ley colocando cebos envenenados. La situación
se ve empeorada tanto por la facilidad de acceso a los potentes productos tóxicos
utilizados (plaguicidas agrícolas o forestales), como por la absoluta
impunidad de la que disfrutan hasta el momento quienes utilizan estas prácticas
prohibidas. El veneno va dirigido principalmente contra el zorro, para los que,
sin embargo, la legislación nacional o autonómica autoriza sistemas
de trampeo.
¿Qué es el Programa Antídoto?
El Programa Antídoto es una herramienta, al servicio de todas las ONGs e instituciones que lo requieran, para ser empleada contra el uso ilegal de veneno. Esta iniciativa nace de la preocupación creciente de varias entidades por la repercusión catastrófica que, sobre la vida silvestre y, en especial, sobre importantes especies amenazadas, está teniendo nuevamente el uso masivo de veneno en el campo. La urgente necesidad de unificar esfuerzos, para luchar coordinadamente contra esta práctica, se plasmó en la creación de un Programa de actuación donde cada entidad ha volcado su experiencia en el tema, definido objetivos y propuesto líneas de acción. El resultado de esta unificación de criterios y objetivos es el Programa Antídoto, con el cual se pretende frenar el uso de veneno, dar a conocer a la sociedad la envergadura de este grave problema y desarrollar los trabajos necesarios para erradicar una de las actividades ilegales que más impacto tiene en el medio natural.
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