15 meses. Ya nada es igual... vivo en la azotea. Me siento muy solo... mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando llueve no tengo un techo dónde cobijarme.
16 meses. Hoy me bajaron de la azotea. Seguro mi familia me perdono y me puse tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía que se me iba a salir. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Fuimos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me baje feliz creyendo que haríamos nuestro "día de campo". No comprendo porque cerraron la puerta y se fueron. "!Pero esperad! - ladré... se olvidan de mí.! Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta, que casi me desvanecía y ellos no se detendrían: Me habían abandonado y olvidado para siempre.
17 meses. He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y sería leal como ninguno. Pero sólo dicen "pobre perrito", se ha de haber perdido.
18 meses. El otro día pase por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis "hermanitos". Me acerqué, y un grupo de ellos, riendose, me lanzo una lluvia de piedras "a ver quien tenia mejor tino". Una de esas piedras me lastimo el ojo y desde entonces ya no veo con el.
19 meses. Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mí.
Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.
20 meses. Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me atropelló. Según yo estaba en un lugar seguro llamado "cuneta", pero nunca olvidare la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladea con tal de cogerme. Ojalá me hubiera matado, pero sólo me disloco la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastre hacia un poco de hierba a la ladera del camino. LLevo diez días bajo el sol, la lluvia, el frío, y sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal, me quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se esta cayendo.Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: "No te acerques". Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos.La dulzura de su voz me hizo reaccionar. "Pobre perrito, mira como te han dejado", decía... junto a ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: "Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir." A la gentil dama se le salieron las lagrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la mire agradeciéndole me ayudara a descansar. Solo sentí la inyección y me dormí para siempre, pensando en porque tuve que nacer, si nadie me quería.
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