Epilepsia en felinos

Autor:  Rubén M. Gatti  Página Web: » Asociación argentina de medicina felina

Por: Dr. Fernando Pellegrino

Breve reseña histórica

gato tumbado

La palabra epilepsia proviene del griego (epilepsia) y significa ser agarrado, atacado o atrapado. La primera mención conocida de esta afección data del año 500 a 700 a.C. Los antiguos griegos consideraban a la epilepsia como un fenómeno sobrenatural, una enfermedad divina. Para su forma de pensamiento, solamente un dios podía arrojar a las personas al suelo, privarlas de sus sentidos, producirles violentas sacudidas para después volverlos a la vida, aparentemente muy poco afectadas. Hipócrates, en contra de esta idea, afirmó que la epilepsia tenía causas muy naturales, y fue el primero en localizar su origen en el cerebro . A lo largo de los siguientes 2000 años surgieron tres teorías distintas sobre las causas de epilepsia. Una de ellas sostenía que los epilépticos estaban poseídos por espíritus o demonios. La Biblia (libro de Marcos, capítulo 9, versículo 17 a 27) cuenta la forma en que Jesús eliminó los espíritus diabólicos de un hombre que había tenido ataques desde la infancia. Con el correr de los años, y a la luz de nuevos paradigmas, se pensó que la causa de la epilepsia era una producción de flema (uno de los líquidos corporales junto a la sangre, la bilis negra y la roja) en las arterias que desembocaban en la cabeza, lo que provocaba una interrupción del aporte de aire. Galeno pensaba que la flema se formaba en un brazo o una pierna, y de allí se extendía al resto del organismo, explicando de esta manera que las convulsiones pudieran iniciarse en esas partes del cuerpo para generalizarse posteriormente. Se utilizaba el torniquete como tratamiento e incluso se recurría a la amputación. Cuando las crisis no tenían inicio localizado se llevaba a cabo una trepanación para eliminar la flema, que suponían había alcanzado la cabeza. Posteriormente, con más elementos científicos a disposición, tomó auge la idea que la epilepsia era una enfermedad infecciosa, causada por toxinas; las convulsiones representaban el intento del organismo por liberarse de las sustancias nocivas, del mismo modo que el hipo era el intento del estómago por evacuar el alimento dañino. La enfermedad se consideraba como una maldición, deseable para los peores enemigos. Prueba de ello es que entre las pestes que invocó Martín Lutero para la Iglesia Católica se encontraba la epilepsia. Lo cierto es que hasta fines del siglo pasado no existía absolutamente ninguna forma de tratamiento efectivo contra la epilepsia

Definiciones

La epilepsia es una afección crónica de etiología diversa, caracterizada por crisis recurrentes (convulsivas o no convulsivas) debida a una descarga excesiva de las neuronas cerebrales, asociadas eventualmente con diversas manifestaciones clínicas o paraclínicas. En la última década el estudio de las epilepsias se ha redimensionado en base al reconocimiento y a la definición de los síndromes epilépticos. Un síndrome epiléptico es un trastorno caracterizado por un conjunto de signos y síntomas que habitualmente ocurren juntos, y que incluyen el tipo de crisis, la etiología, la anatomía, los factores precipitantes, la edad de comienzo, la gravedad, la cronicidad, la relación con el ciclo circadiano y, a veces, el pronóstico . Este abordaje del fenómeno epiléptico resalta, junto a signos clínicos y hallazgos electroencefalográficos (EEG), el valor de otros exámenes complementarios (Tomografía Computada, Resonancia Magnética Nuclear) destacando de esta forma la investigación etiológica .

Tipos de crisis

El individuo que padece epilepsia puede ser clasificado en base a dos criterios : a) el tipo de crisis epiléptica que presenta como el acontecimiento primordial de su afección; b) el tipo de epilepsia o síndrome epiléptico, que tiene en cuenta la crisis en un contexto mucho más amplio. Tomando como criterio definitorio el tipo de crisis y los hallazgos EEG críticos e intercríticos, se reconocen tres grupos diferenciados de crisis:

  • Las crisis parciales son aquellas en las que, en general, la primera manifestación clínica y EEG indica la activación inicial de un sistema de neuronas limitado a una parte de un hemisferio cerebral (Tabla I). Una crisis parcial, a su vez, se clasifica primariamente sobre la base de la alteración de la conciencia durante el ataque. Cuando la misma no está alterada, la crisis se denomina parcial simple. Cuando sí lo está, se denomina parcial compleja. Se define la “alteración de la conciencia” como la incapacidad para responder normalmente a estímulos exógenos, por estar alteradas la sensibilidad o las capacidades cognitivas (5, 6, 7, 9). Las crisis parciales se originan en áreas corticales concretas con funciones específicas. En las crisis parciales simples la descarga puede permanecer localizada el tiempo suficiente como para observar una signología clínica característica de una determinada región anatómica en particular. Una crisis parcial simple puede evolucionar a una crisis parcial compleja; en este caso se involucran en su área de difusión estructuras correspondientes a las regiones temporal (rinencéfalo y/o sistema límbico) y/o frontal (área prefrontal) (5, 6, 7). La alteración de la conciencia puede ser el primer signo clínico, y en este estado el animal puede manifestar comportamientos anormales (crisis psicomotoras) (7, 9). Las crisis parciales simples generan usualmente compromiso hemisférico unilateral, mientras que las complejas frecuentemente involucran ambos hemisferios cerebrales. Una crisis parcial puede no terminar, sino progresar a una crisis motora generalizada.
  • Las crisis generalizadas (convulsivas o no convulsivas) son aquellas en las que la primera manifestación clínica indica el compromiso inicial de ambos hemisferios. La conciencia está alterada y puede ser el primer signo clínico presente. Las manifestaciones motoras son bilaterales. Las alteraciones EEG ictales son inicialmente bilaterales y presumiblemente reflejan una descarga neuronal que rápidamente difunde en ambos hemisferios
  • La clasificación de las crisis individuales es ampliamente aceptada y constituye una herramienta de trabajo válida, eficaz y práctica. Pero es simplemente una clasificación del signo principal de la epilepsia (la crisis) y, por lo tanto, no aporta datos sustanciales para la comprensión integral del fenómeno epiléptico.
<<Anterior   [1]  [2]  [3]  [4]    Siguiente>>

No se pierda

Adopta un gato