Todo lo que un propietario debería saber sobre las endoparasitosis intestinales
más frecuentes en el perro y en el gato.
Introducción
Las parasitosis intestinales son un problema muy frecuente en los animales
de compañía. Su importancia radica en la influencia que tienen en la salud del
animal y en el hecho de que pueden ser transmitidas al hombre y causar graves
trastornos en algunos casos. Por ello, el propietario de un perro o gato debe
conocer cuáles son los parásitos que pueden afectar a su mascota, su forma de
contacto (tanto para su animal como para él mismo), los síntomas que producen
en los animales infectados y la forma más efectiva de control y prevención en
su caso particular.
Los dos grupos de parásitos intestinales más frecuentes que podemos encontrar
en el perro y gato son los nematodos o "gusanos redondos" y los cestodos o "gusanos
planos". Algunos de ellos infectan exclusivamente al perro o al gato, y otros
a ambos, con mayor o menor preferencia por una de estas especies. Asimismo pueden
transmitirse a otros animales (rumiantes, cerdos, roedores, aves) y al hombre.
Dentro de los nematodos se encuentran otros cuatro grupos: áscaris (Toxocaera
canis, Toxocara cati y Toxocaris leonina), ancilostomas o "gusanos ganchudos"
(Ancilostoma caninum y Uncinaria stenocephala), estrongílidos y trichúridos.
De ello, los dos primeros (áscaris y ancilostomas) son los más importantes en
frecuencia y de ellos trataremos en este artículo
Los cestodos que pueden parasitar al perro y al gato son las tenias (entre
ellas la forma adulta del conocido y peligroso "quiste hidatídico") y el Dipilidium
caninum.
Vías de contagio
Para poder luchar eficazmente contra estos parásitos debemos conocer las formas
de transmisión de cada uno de ellos y por esto es imprescindible conocer su
ciclo de vida.
Los áscaris adultos se encuentran en el intestino delgado del perro y del
gato. Se reproducen por huevos que salen al exterior con las heces, las cuales
infestarán a otro individuo si éste los ingiere, al entrar en contacto
con los excrementos, con el animal parasitado o en parques y jardines por lamer
el suelo o cualquier objeto. No es necesario que se coma los excrementos,
ya que los huevos pueden permanecer mucho tiempo (meses o incluso años) en las
heces y en el suelo, y ser transportados por el viento u otros animales (insectos,
pájaros, etc.). este ciclo tiene algunas variaciones dependiendo de la especie
del parásito. Así, los Toxocara (T. canis y T. cati) en animales de menos de
tres meses de edad realizan un ciclo en el que el huevo tras ingresar en el
aparato digestivo por la vía oral eclosiona en el intestino y libera una larva
que migra activamente hacia hígado y pulmones. Desde estos últimos sale por
la tráquea y es deglutida de nuevo para volver a localizarse en intestino delgado
donde madura y da lugar a la forma adulta. En animales adultos, estas larvas
pueden migrar hacia la musculatura y quedar enquistadas durante largo tiempo,
lejos de la acción de los medicamentos antiparasitarios.
Además estas dos especies se aprovechan durante la etapa de la gestación y
la lactación para contagiar a los nuevos individuos mediante otras dos formas
de transmisión muy importantes que son la transplacentaria y la lactogénica.
Así, en estos períodos de la vida de la hembra las formas larvarias que estaban
enquistadas en la musculatura se liberan y pasan a través de la placenta y de
la leche a los indefensos fetos y recién nacidos cachorros respectivamente.
Estas larvas pueden permanecer bastante tiempo enquistadas en el tejido muscular
de la hembra y así implicar a camadas sucesivas. La madre vuelve a reinfectarse
al lamer a los cachorros mediante los huevos que estos eliminan con las heces.
Otra vía de contagio posible es mediante la depredación de roedores que contengan
larvas latentes en su musculatura Los Toxocaras pueden afectar al hombre, sobre todos a niños y a personas
inmunodeprimidas, produciendo el llamado síndrome de larva migrans-visceral,
causando lesiones hepáticas y oculares generalmente graves.
Los ancilostomas también se transmiten mediante huevos que elimina el animal
parasitado con las heces, pero a diferencia de los ascaris, la larva eclosiona
en el suelo y es capaz de atravesar por sí misma la piel del animal. Migra hacia
los pulmones y se localiza definitivamente como forma adulta en el intestino
delgado. También utiliza la vía transplacentaria y lactogénica.
En el hombre puede producir dermatitis (larva migrans-cutánea) al penetrar
a través de la piel.
En el caso de los cestodos son utilizados dos hospedadores para completar su
ciclo de vida, uno intermediario (H.I) y otro definitivo (H.D.), siendo este
último el perro y el gato.
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