Endoparasitosis intestinales en el perro

Autor:  Andrés  J. Flores  Página Web: » Hospital Centro Policlínico de Málaga

Todo lo que un propietario debería saber sobre las endoparasitosis intestinales más frecuentes en el perro y en el gato.

Introducción

Las parasitosis intestinales son un problema muy frecuente en los animales de compañía. Su importancia radica en la influencia que tienen en la salud del animal y en el hecho de que pueden ser transmitidas al hombre y causar graves trastornos en algunos casos. Por ello, el propietario de un perro o gato debe conocer cuáles son los parásitos que pueden afectar a su mascota, su forma de contacto (tanto para su animal como para él mismo), los síntomas que producen en los animales infectados y la forma más efectiva de control y prevención en su caso particular.

Los dos grupos de parásitos intestinales más frecuentes que podemos encontrar en el perro y gato son los nematodos o "gusanos redondos" y los cestodos o "gusanos planos". Algunos de ellos infectan exclusivamente al perro o al gato, y otros a ambos, con mayor o menor preferencia por una de estas especies. Asimismo pueden transmitirse a otros animales (rumiantes, cerdos, roedores, aves) y al hombre. Dentro de los nematodos se encuentran otros cuatro grupos: áscaris (Toxocaera canis, Toxocara cati y Toxocaris leonina), ancilostomas o "gusanos ganchudos" (Ancilostoma caninum y Uncinaria stenocephala), estrongílidos y trichúridos. De ello, los dos primeros (áscaris y ancilostomas) son los más importantes en frecuencia y de ellos trataremos en este artículo

Los cestodos que pueden parasitar al perro y al gato son las tenias (entre ellas la forma adulta del conocido y peligroso "quiste hidatídico") y el Dipilidium caninum.

Vías de contagio

Para poder luchar eficazmente contra estos parásitos debemos conocer las formas de transmisión de cada uno de ellos y por esto es imprescindible conocer su ciclo de vida.

Los áscaris adultos se encuentran en el intestino delgado del perro y del gato. Se reproducen por huevos que salen al exterior con las heces, las cuales infestarán a otro individuo si éste los ingiere, al entrar en contacto con los excrementos, con el animal parasitado o en parques y jardines por lamer el suelo o cualquier objeto. No es necesario que se coma los excrementos, ya que los huevos pueden permanecer mucho tiempo (meses o incluso años) en las heces y en el suelo, y ser transportados por el viento u otros animales (insectos, pájaros, etc.). este ciclo tiene algunas variaciones dependiendo de la especie del parásito. Así, los Toxocara (T. canis y T. cati) en animales de menos de tres meses de edad realizan un ciclo en el que el huevo tras ingresar en el aparato digestivo por la vía oral eclosiona en el intestino y libera una larva que migra activamente hacia hígado y pulmones. Desde estos últimos sale por la tráquea y es deglutida de nuevo para volver a localizarse en intestino delgado donde madura y da lugar a la forma adulta. En animales adultos, estas larvas pueden migrar hacia la musculatura y quedar enquistadas durante largo tiempo, lejos de la acción de los medicamentos antiparasitarios.

Además estas dos especies se aprovechan durante la etapa de la gestación y la lactación para contagiar a los nuevos individuos mediante otras dos formas de transmisión muy importantes que son la transplacentaria y la lactogénica. Así, en estos períodos de la vida de la hembra las formas larvarias que estaban enquistadas en la musculatura se liberan y pasan a través de la placenta y de la leche a los indefensos fetos y recién nacidos cachorros respectivamente. Estas larvas pueden permanecer bastante tiempo enquistadas en el tejido muscular de la hembra y así implicar a camadas sucesivas. La madre vuelve a reinfectarse al lamer a los cachorros mediante los huevos que estos eliminan con las heces.

Otra vía de contagio posible es mediante la depredación de roedores que contengan larvas latentes en su musculatura

Los Toxocaras pueden afectar al hombre, sobre todos a niños y a personas inmunodeprimidas, produciendo el llamado síndrome de larva migrans-visceral, causando lesiones hepáticas y oculares generalmente graves.

Los ancilostomas también se transmiten mediante huevos que elimina el animal parasitado con las heces, pero a diferencia de los ascaris, la larva eclosiona en el suelo y es capaz de atravesar por sí misma la piel del animal. Migra hacia los pulmones y se localiza definitivamente como forma adulta en el intestino delgado. También utiliza la vía transplacentaria y lactogénica.

En el hombre puede producir dermatitis (larva migrans-cutánea) al penetrar a través de la piel.

En el caso de los cestodos son utilizados dos hospedadores para completar su ciclo de vida, uno intermediario (H.I) y otro definitivo (H.D.), siendo este último el perro y el gato.

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